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POR COSTOS | 21/02/2014

El "Made in Argentina" sufre los embates de la devaluación

Fuente: iprofesional.com

Línea blanca, automotrices, electrónica, indumentaria y la lista sigue. Todos estos sectores se ven afectados al depender de insumos importados. El encarecimiento de créditos al consumo también les juega en contra.

Durante el último tramo de la década K, hubo una suerte de "pacto" entre el Gobierno y los industriales, especialmente con aquellos enfocados en el mercado doméstico.

De la mano de subas salariales que corrieron por encima de la suba de precios y de un férreo control aduanero para limitar la competencia importada, el Ejecutivo potenció el consumo hasta lograr que numerosas ramas de actividad alcancen récords históricos de producción y ventas.

Nunca antes en la Argentina se habían logrado fabricar tantas heladeras, lavarropas, cocinas, televisores, autos, zapatillas, equipos de aire acondicionado, celulares o tractores, por nombrar algunos ejemplos.

Claro que con un gasto público récord, susbsidios creciendo sin techo, fuerte expansión de la emisión monetaria y falta de inversiones, la contracara de este boom fue la aceleración de la tasa de inflación.

En un comienzo, la misma fue clave para potenciar el consumo. Eran épocas de la llamada "inflación buena", cuando el discurso oficial hacía referencia a que "unos puntitos" de suba no eran nocivos para la economía y que incluso ayudaban al proceso de reindustrialización nacional vía adelantamiento del boom de ventas.

Esta etapa fue la que el economista Carlos Melconian denominó como "fuga al consumo", producto del adelantamiento en las compras por parte de argentinos como mecanismo defensivo ante la suba de precios.

Y fue la que se festejó a puro récord, con empresas que podían prorratear los mayores costos y compensar la caída de rentabilidad a través de un mayor volumen de producción. La rueda giró así por varios años. Claro que no podía ser eterna.

Conforme las reservas entraron en fase crítica y el atraso del billete verde se hizo insostenible, el Gobierno avanzó con una fuerte devaluación y así rompió el "pacto" con parte del empresariado nacional, que ahora recibe lo "malo" de esta medida, quedándose prácticamente sin ningún efecto positivo debido a un cóctel que conjuga:

1. Suba de costos en dólares: la fuerte devaluación encareció automáticamente todas las materias primas con precios internacionales que proveen a la industria nacional. Según la Cámara de Importadores, actualmente el 90% de las empresas locales utiliza al menos un insumo del exterior.

Esto obligó al Gobierno a aplicar un nuevo parche para la industria y extender su política de "Precios Cuidados" a los llamados "insumos difundidos", que incluye desde hierros hasta plásticos, para así evitar un "efecto dominó" con un impacto inflacionario automático en las góndolas.

2. Topes a los precios: el Gobierno intentó compensar a los industriales congelando el valor de algunas materias primas y componentes pero también los castigó obligando a numerosas ramas de actividad a limitar las subas de precios de sus productos en niveles que están lejos de acompañar el índice inflacionario. Tal es el caso de línea blanca, electrónica de consumo o alimentos elaborados.

No sólo eso: también inició una campaña para dejar en claro que los responsables de las subas son los empresarios.

La jugada la inició el propio ministro de Economía, Axel Kicillof, cuando aseguró que no había razones para que la devaluación impactara en los valores de los productos, aunque luego debió moderar sus dichos y advertir que no se permitirían abusos por parte de los industriales.

3. Encarecimiento de los créditos para consumo: tras la devaluación, el BCRA avanzó fuerte en retirar pesos del mercado (algo más de $35.000 millones en lo que va del año) para restarle presión al mercado cambiario y elevó las tasas para defender la moneda local.

Esto encareció el costo de los créditos, en especial los destinados a financiar las compras de los argentinos. En efecto, el costo financiero total (CFT) para tarjetas y préstamos personales se elevó a casi un 80%.

"Vamos a un esquema de tasas altas, menos consumo y menos actividad económica", resumió Andrés Méndez, director de la consultora AMF.

Por el lado de la industria, esto no sólo pega en menores niveles de comercialización. Según el consultor Salvador Distéfano, habrá serias dificultades para financiar el capital de trabajo: "El crédito se ofrecerá a intereses cada vez más elevados y las empresas que dependen de la asistencia financiera enfrentarán mayores problemas".

Al inconveniente de insumos más caros en términos de moneda local se suma un dato no menor: tras la salida de Guillermo Moreno de la Secretaría de Comercio Interior, el flujo en el ingreso de insumos del exterior no sólo no mejoró sino que la orden oficial ahora es restringirlo al máximo -hasta que lleguen los "sojadólares"-.

Esto ya se tradujo en un acortamiento de horas extras y hasta en suspensiones de personal, tal como sucedió en automotrices y empresas del rubro electrónico.

Menos volumen, menos rentabilidad

Tras la fuerte devaluación de enero, se dispararon las alarmas por una posible espiralización de la inflación.

Esto, sumado al encarecimiento del crédito, está afectando fuertemente el modelo de producción que se había edificado en los últimos años: incrementar el nivel de fabricación para prorratear los crecientes costos fijos en más unidades. 

"El golpe más negativo del actual escenario será para los sectores cuyos productos no tienen una salida hacia la exportación. Esto es así porque son los primeros en sufrir la baja de la demanda interna", advirtió Mariano Lamothe, economista de la consultora Abeceb.

Desde el sector de línea blanca -que nuclea a fabricantes de heladeras, lavarropas y cocinas- miran el escenario actual con suma preocupación. No es para menos: es una industria completamente mercadointernista, con una oferta abastecida en más de un 95% por la producción nacional.

De modo que está recibiendo todo lo malo de la devaluación (suba de costos, caída del poder adquisitivo) y nada de lo bueno (no exportan y no necesitan ganarle terreno a la competencia del exterior).

"Luego del alza del dólar nos autorizaron subir los precios un 7,5%, cuando desde octubre tenemos los valores congelados. En ese interín, los costos se incrementaron, en promedio, un 20%. Es decir que en cuatro meses perdimos casi 13 puntos de rentabilidad", disparó el directivo de una cámara sectorial de línea blanca.

El responsable de la entidad fue más allá al asegurar que "en febrero se suelen reactivar las órdenes de compra que hacen las cadenas pero notamos un bajón generalizado. Hay fábricas que, al día de hoy, están despachando hasta un 40% menos que en 2013".

Frente a este panorama que conjuga costos en alza y caída de ventas, el directivo alertó que "si en los tres próximos meses no se le autoriza al sector una suba adicional, entonces tendremos compañías que van a ir a pérdida cada día que produzcan".

En la industria textil también hay preocupación, al tratarse de un sector con bajo nivel de exportaciones.

"Luego de haber cerrado el 2013 con una moderada contracción de la actividad industrial y del empleo, este arranque sorprende al rubro textil con un deterioro de las condiciones", advirtió el analista Horacio Lazarte.

"La brusca devaluación de finales del mes de enero impactó fuerte en el nivel general de precios. Por eso, los productos textiles ahora deberán competir con artículos de primera necesidad en un presupuesto familiar más acotado", recalcó el analista, quien prevé que este año "la actividad sufrirá una caída superior a la del año pasado, dado que hay menor margen para ajustar importaciones como ocurrió en la última crisis de 2009".

Otro rubro que está en el ojo de la tormenta, tras la devaluación, es la industria electrónica: el aumento del 7,5% autorizado por Kicillof a los ensambladores de celulares, LCD, notebooks y tablets no alcanza para compensar un alza del dólar que pegó de manera directa en los costos, dado que más del 90% de los insumos tienen precios sujetos a la divisa estadounidense y que no pueden ser congelados por el Gobierno.

Como sucede en el caso de línea blanca, para esta industria la devaluación es pura pérdida, dado que los altísimos costos locales desde hace años impiden cualquier negocio de exportación de envergadura.

El peligroso cóctel para el sector de la electrónica incluye además el acortamiento de los planes de cuotas en comercios -un gran motorizador de ventas- y la obligación de achicar las importaciones de insumos en un 20% hasta marzo.

Todos estos factores combinados -sumado a que algunas empresas no quieren desprenderse del stock teniendo valores en góndola "freezados"- están llevando a que los niveles de producción, para algunas fábricas, se hayan desplomado frente a los de 2013.

Esto llevó a que, durante los primeros días de febrero, el polo tecnológico fueguino haya destruido 3.000 puestos de trabajo, lo que desató una fuerte pelea gremial.

Pero sin dudas, lo que más preocupa al Gobierno es el destino de la industria automotriz, el gran "caballito de batalla" del "Made in Argentina".

Supuestamente, una mejora de la ecuación cambiaria debería devolverle a esta actividad algo de la competitividad perdida, lo que debería traducirse en más exportaciones. No es un dato menor considerando que la mitad de lo producido va al exterior, básicamente a Brasil.

Sin embargo, el economista Gonzalo Dalmaso advirtió que el principal socio comercial está atravesando un difícil 2014. De modo que la locomotora brasileña no sólo no le pedirá más 0Km a la Argentina respecto al año previo sino que incluso achicaría sus compras en un 3%.

En el plano interno, la ecuación es más preocupante. Según el experto, la pérdida del poder adquisitivo por parte de los argentinos tanto frente a vehículos importados como nacionales -los cuales van a experimentar subas de entre el 30% y el 40% debido al contenido de piezas de afuera-, "provocará un derrumbe de la demanda del orden del 20%".

Al no poder compensar la caída en el mercado interno con mayores ventas al exterior, el escenario base estipula una contracción de la producción del 20% frente a 2013. Esto implica que de las terminales locales saldrían 190.000 autos menos que el año pasado.

El experto alertó sobre el riesgo que esto tendrá sobre el empleo, dado que esta rama de actividad da trabajo a unas 150.000 personas (incluyendo autopartistas y concesionarios).

Así las cosas, consideró que "en la industria seguramente se verán suspensiones y recortes de horas", en tanto que en lo que respecta a las agencias, debido al bajón de ventas y al impuestazo, "directamente se destruirán puestos laborales".

Frente a este panorama, Lamothe consideró que "aquellos sectores dedicados a la exportación tendrán un beneficio en primera instancia. Pero a la larga se verán afectados por la suba de costos internos".

Frente a esto, hay consultoras que, aun tras la fuerte devaluación, plantean una caída de las ventas al exterior de más del 5%, como es el caso de Econométrica.

"La dinámica positiva de las firmas exportadoras no alcanzará para impulsar a toda la economía", concluyó Lamothe, dejando en claro el mal negocio que resulta la devaluación para gran parte del "Made in Argentina".

Fuente: iprofesional.com

 



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